
Al señalar incrédulo la lacerante escarcha de mis cabellos, retratas la carga innoble de tu alma, desorientada por el espejismo de la juventud consumida a ríadas, por la carga irreflexiva de la autosatisfacción. Ríete si quieres de la hondura que en dos parte mi alma; en la más atroz de las carcajadas verás que la soledad se ceba con quien no sabe estar solo y después compartirla en piadosa comunión.
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